
Es esa vivencia la que quizá lleve a las mujeres a considerar su voluntariado como una prolongación de su vida privada, algo muy personal para ellas, a lo que se dedican tanto mas cuanto mas se las necesita, mientras que los hombres lo consideran mas bien como una prolongación de su vida profesional o laboral, no de su yo personal, por lo que le ponen mayores limites a su implicación y a la dedicación de su tiempo.
Obviamente estas diferencias no se producen siempre y tampoco son absolutas, sino de grado. El mismo autor reconoce que los hombres actúan en el voluntariado de la misma forma que las mujeres si son jóvenes, si comienzan su participación asociativa o si quieren establecer relaciones sociales y evitar o paliar la soledad.
En sentido inverso las mujeres voluntarias actúan como los hombres en menor medida, esgrimiendo estar cansadas de hacer cosas gratis a lo largo de sus vidas, pero sintiendo una cierta culpabilidad, quizá por lo que inconscientemente consideran una traición al rol que se les ha atribuido socialmente y que ellas han interiorizado.
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